miércoles, 25 de febrero de 2009

La admiración en las cosas cotidianas

Como ha escrito Miguel Angel Martí en su ensayo titulado "La admiración" (Eunsa, 1997), todo hombre, por el mero hecho de serlo, se siente llamado a interpelarse y a interpelar la realidad que le rodea; y sin admiración, su vida se convierte en algo anodino, termina perdiendo sentido.
No es la vida quien enseña, lo que realmente enseña es la lectura que nosotros hagamos de ella. No es suficiente ver las cosas, es necesario mirarlas bien para descubrir ese algo de nuevo que siempre llevan consigo, y se necesita tener un alma joven y una sensibilidad bien cultivada para mantener el espíritu receptivo a esos guiños con que la realidad nos sorprende de continuo.
También es vital aprender a admirarnos de las personas. No se trata de confundir la admiración con la ingenuidad, ni de tener una visión bobalicona de la vida. Se trata de ver con buenos ojos a la gente. Si logramos fijarnos un poco más en los aspectos positivos de cada persona, tendremos oportunidad de admirarlos, y con ello, les haremos y nos haremos mucho bien.
¿Y qué obstáculos hemos de superar para admirar a una persona que conocemos? El primer obstáculo es el acostumbramiento, que incapacita —si uno no se resiste a él— para ver en la otra persona cualquier cosa que no sea lo ya sabido: se adivinan las contestaciones, se presupone determinada actitud, se dan por supuesto ciertos comportamientos, no se contempla la posibilidad de que el otro cambie y actúe de forma distinta a la prevista, no se da ninguna posibilidad de cambio. Otro obstáculo importante es la tendencia a infravalorar a las personas; o anteponer siempre sus hechos pasados a los presentes, y tener más en cuenta lo que era que lo que es; o fijarnos y recordar más los aspectos negativos que los positivos.
La rutina —sigo glosando a Miguel Angel Martí— es la gran arrasadora de nuestra vida. Sólo quien es joven de espíritu ganará la batalla al cansancio de la vida. El hombre ha de precaverse contra el desencanto, el acostumbramiento y la rutina, y en ese ejercicio se juega la ilusión por vivir. La vida en algunas ocasiones se nos manifiesta alegre y divertida, pero en otras muchas hemos de ser nosotros, con nuestros recursos interiores, quienes tenemos que dar un sentido positivo a lo que en un primer momento no lo tiene.
Quien es capaz de iniciar cada día con una visión nueva, consigue hacer realidad el milagro de sorprenderse ante cosas que le son muy familiares, pero no por eso dejan de manifestarse como recién estrenadas. Nuestra vida puede compararse a quien lee un pasaje de una novela en la que se describe una calle; el lector queda admirado por su belleza, pero al poco tiempo se da cuenta de que aquella calle, que tanto le ha gustado, es muy parecida a la suya, que hasta entonces le pasaba inadvertida.
Con demasiada facilidad se dan por supuestas las cosas, y tendría que ser al revés: no dejar nunca de preguntarse por nuestro mundo cotidiano. La vida debe estar atravesada por unos ojos que sepan descubrir en lo que ya es conocido una novedad ilusionadora.
Todas estas riqueza interiores no se improvisan, sino que su conquista se alcanza después de un largo trayecto lleno de dificultades, pero una vez conquistadas perfuman con su aroma toda la existencia humana.
La autoestima, tan olvidada por muchos y tan mal interpretada por otros, es otro aspecto importante para la admiración. Enorgullecerse no es el objetivo, claro está, de la autoestima. Pero ser agradecidos de la propia vida, eso sí. El que agradece, disfruta con la realidad agradecida. Quien sonríe a la vida, la vida termina sonriéndole. La felicidad no está en disfrutar de situaciones especiales, sino en la buena disposición de ánimo. Está en nuestro interior la clave de la felicidad. Esto es necesario repetirlo una y otra vez, porque obsesivamente tendemos a buscar la felicidad fuera de nosotros, y por muchos que sean los esfuerzos no la encontraremos, por el simple hecho de que no está ahí.

jueves, 6 de noviembre de 2008

La crisis financiera y el drama humano en EEUU

En Visalia, California, un agente del alguacil trató de entregar una notificación de desalojo a Melvin Nicks, de 50 años. Nicks apuñaló al agente y se refugió en la casa durante horas, antes de entregarse.En Michigan, David y Sharron Hetzel, ambos de 56 años, “perdieron su casa por ejecución hipotecaria y suspensión de pagos. Pero no completaron los procedimientos necesarios para declararse en bancarrota”. El 1 de agosto, según los informes policiales, David Hetzel envió una carta de disculpas a los miembros de su familia. Más tarde, mató a su mujer que dormía, golpeándola en la cabeza con un palo de golf y apuñalándola con un cuchillo de cocina. Después prendió fuego en toda la casa y se metió a la cama junto a su esposa donde se suicidó.El 12 de agosto, agentes del alguacil llegaron a la casa en New Jersey, de Beatrice Brennan, de 88 años, que la había refinanciado y se había atrasado en los pagos. Su hijo John, de 60 años, tomó una pistola de calibre para oponerse a los representantes de la ley. Fue arrestado por un equipo del SWAT. Sylvia Sieferman, de Roseville, Minnesota, estaba atormentada por dificultades financieras. Le preocupaban sus dos hijas de 11 años. El 21 de agosto, según informes policiales, Sieferman “acuchilló repetidamente a las niñas y a sí misma”. El 5 de setiembre “fueron arrestados cuatro manifestantes que trataban de impedir el desalojo de una mujer de Roxbury”. El 25 de setiembre, mientras los políticos en Washington discutían un rescate para las instituciones financieras, agentes de policía de Boston enfrentaron a unos 40 activistas de City Life frente a la casa de Ana Esquivel, empleada de una escuela privada, y de su esposo Raúl, obrero de la construcción, ambos de cincuenta y tantos años. El Globe informó que cuatro manifestantes fueron arrestados cuando los policías iban a empellones tratando de pasar para permitir que un cerrajero entrara a la casa a fin de proceder al desalojo. “Hemos sido destruidos por el banco”, dijo Ana. “El banco es demasiado grande para nosotros”. Dos días antes, agentes del alguacil de Los Angeles County llegaron a la casa de Joanne Carter (53) y de su esposo (67), para entregar una notificación de desalojo. Joanne no la aceptó y “dijo a los agentes que tenía armas de fuego en la casa y les mostró una escopeta”. Al día siguiente, la policía apareció en la casa y Carter les dijo que si trataban de entrar, la defendería mediante cualquier medio. Después de un enfrentamiento de horas de duración, los Carter se rindieron y fueron arrestados.Ese mismo día, en California, Cliff Kendall se mató con un rifle. Una semana antes, a Kendall le informaron que sería despedido. “Temía que perdiéramos nuestra casa, y la perderemos, porque no puedo permitirme el lujo de mantenerla”, dijo su mujer Patricia, discapacitada por una lesión en la espalda.Hay mucho más, pero no quiero fatigarlos. Espero que lo relatado en estas tres notas baste para reflexionar sobre los valores del engendro de sociedad creada por el capitalismo salvaje.

lunes, 5 de mayo de 2008

No más "allá", sino en dentro del "acá"

La impresión que tenemos de la vida es que es fugaz y que todo parece ir inexorablemente hacia no se sabe dónde, pero a un ritmo que no deja tregua y que obedece a un dinamismo cósmico que como un mounstruo parece devorar el presente convirtiéndolo en el mismo acto en pasado. Da la sensación que todo fuera como una desesperada carrera en la que los puntos de referencia se evanescen y se corriese sobre un plano discontinuo y sin destino definido. La ausencia de significado se experimenta como desorientación y angustia, sensación de vacio. Pero en medio de estas circunstancias epocales y a través de las situaciones cotidianas se manifiesta el significado como interpelación que precisa realizar su destino. Es en medio y a través de las circunstancias y situaciones concretas que el sentido se descubre como razón de ese dinamismo que ahora encuentra su destino. No se precisa "salir" del curso de la historia para descubrir el significado, en las propias tareas diarias se encuentra la interpelación que llama a realizar el propio destino.

martes, 25 de marzo de 2008

"Pequeños momentos de gran felicidad"

Hoy por la mañana me desplazaba por una de las avenidas principales de la ciudad.... cuando en el trayecto advertí un panel publicitario que contenía la propaganda de una conocida marca de chocolates que tenía como slogan la siguiente frase: "pequeños momentos de gran felicidad"... el mensaje era claro, consumiendo ese producto se conseguía un momento de placer. Iba yo pensando precisamente en el tema de la felicidad, en qué consistía, si corresponde a una necesidad íntima del corazón humano o una ficción nuestra creada para hacer más suave la pesada carga del diario vivir, la fatigosa tarea de seguir viviendo, y me preguntaba después de haber leido esa frase si es que acaso sólo estamos hechos para "pequeños momentos" de felicidad, si es que acaso la felicidad se compra y se la consigue sólo por tajadas. Nuestro derecho a la felicidad se convertiría así en un producto de consumo. En el fondo de esta perspectiva hay una determinada visión antropológica de la felicidad considerada sólo desde el aspecto de los placeres y sensaciones agradables. Una posición asi tan chata hace al ser humano un ser pobre y minúsculo, que no reconoce su deseo de infinito y su apretura a lo absoluto.
Al ser humano la mera inmanencia le resulta estrecha, pues esta hecho de tal forma que su relación con la realidad nunca le resulta suficiente (el mundo nunca le basta, nunca le es suficiente), siempre apira a más, pre-siente más allá de toda experiencia a lo definitivo, lo que pueda dar cumplimiento definitivo a su deseo de felicidad

jueves, 20 de marzo de 2008

La vida de un hostel

La vida del hostel está marcada por el continuo salir y llegar de gente, que se renueva, que sólo está de tránsito en búsqueda de nuevas aprehensiones, de experiencias y realidades que hagan soportable la infatigable tarea de seguir viviendo. En un mundo como éste, el hostel como punto de encuentro de mundos e historias presonales, apenas puede tejer afectos duraderos. En este continuo ir y venir en el que los contactos son apenas posibles y por eso poco sostenibles, en este básico y solitario: "hola cómo estás?... soy tal y tú?..... mucho gusto..... de dónde eres?..", aquí es difícil aunque no imposible establecer afectos, hacer amigos, encontrar el amor. Historias verdaderas que descubren mundos lejanos, soledades y expectativas parecidas y distintas, en el que también puede surgir el amor. Las afinidades acercan personas, las decisiones y las razones del corazón establecen afectos (amistades y enamoramiento). Sí, también en este mundo del hostel, donde el dominio de lo efímero es cotidiano, donde la caducidad y con ello lo finito se hace evidente de manera importante y como algo esencial, en este ámbito puede surgir lo definitivo; lo definitivo que tendrá que renovarse día a día como algo cotidiano: lo definitivo en lo efímero. En este mundo del hostel basta sólo tres o cuatros días para conectar vidas y enredarlas para siempre. Una mirada, una sonrisa llevan al intercambio de básicas palabras, las que después despiertan el interés y surge la afinidad. Esta interacción primaria y original despierta después la sensación y la conciencia entre los recién conocidos de conocerse desde siempre sin antes haberse visto. Se podría decir aquí de una cierta "comunión de almas". Llegando a establecer relaciones más profundas que con aquellas personas con las que se convive o se conoce desde hace muchos años. Si la vida en el hostel es efímera y pasajera no por ello deja de ser verdad que la vida se construye a través de afectos y que éstos, a pesar de su naturaleza que exige perpetuidad, saben surgir también del mundo de lo pasajero, de lo efímero, y trascienden la barrera de la distancia y el tiempo. La vida del hostel por caprichosa e injusta que pueda parecer su atractivo intercambio y su aleatoria convocatoria (despertando el interés por seguir conociéndose las personas que se encuentran), contribuye a su modo al encuentro de mundos distantes y parecidos. Si todos y cada uno después siguen su rumbo propio el camino siguiente ya no se recorrerá del mismo modo, pues se descubrió algo de otro mundo que contribuye a ensanchar el propio horizonte.

viernes, 25 de enero de 2008

Mundos

Por calles transitadas y abarrotadas de gente, en los metros y buses hacinados los unos encima de los otros transcurren presurosos al ritmo vertiginoso que impone el dominio de la supervivencia en un mundo hostil. De cuando en cuando nos engulle el metro, después por su boca estridente nos escupe al barullo de la vida. Por calles intrincadas pobladas de negocios caminamos presurosos, hombres al lado de hombres. Nuestras respiraciones se mezclan entre sí, nuestros pasos se confunden y pierden en el infinito derrotero humano. De los bolsillos se sacan tabacos, al oído se llevan audífonos para adormecer el viaje con canciones de moda, de la cartera o de la mochila se saca algún libro; empujándonos con los codos nos abrimos paso por encmina de los fantasmas apurados. La necesidad de llegar a algún destino exige intercambiar sólo avaras palabras. Y todos juntos en ese mar impersonal, siempre solos, somos aquello que se llama sociedad. Cada uno por su propia cuenta camina siguiendo su propio itinerario, sin conocerse los unos a los otros, caminamos sin advertir que no podríamos hacerlo sin los otros, tan necesarios como desconocidos. Detrás de cada rostro hay un mundo más infinito que el impersonal que formamos al rozarnos el uno al otro. Un mundo que tiene mucho que ver siempre con los otros mundos. Nadie es tan extraño que no se pueda saber nada de él, ni tan común que no guarde una identidad, aún oculta para el mismo individuo. Detrás de esos rostros con gesto adusto, detrás de esa mirada huidiza y apurada, detrás de esas mil formas de eludir y correr deprisa no para llegar sino para salir nuevamente, más allá de todas las imagenes y configuraciones que dibujan las ajetreadas jornadas de hombres y mujeres, allí oculto hay un mundo al que sólo pueden llegar los que descubrieron su propio mundo.

miércoles, 16 de enero de 2008

El mundo no basta

Siempre en camino sin encontrar destino descubro mundos, rostros y lugares ninguno capaz de afincarme para siempre como destino definitivo, siempre el recurrente: más allá, más allá, aquí no hay posada eterna para el itinerante sin lugar. Cada encuentro, cada gesto, cada acto, cada rostro siempre me remitem más allá sin punto final. O es que no encontré aún lo que busco o es que ya encontrado no me basta y busco más. La experiencia de cada cosa, persona y lugar descubren la profundidad de la búsqueda y nada resulta ser suficiente, nada parece serlo todo, no parece existir, en el horizonte, un puerto final. Y es que las buenas experiencias a veces parecen ser las definitivas y en un primer momento establecen moradas fijas al corazón, pero luego, una vez extinguido el brillo fulgurante de esa realidad, queda una vez más sólo el camino abierto para recorrer otros mundos para establecer moradas sólo pasajeras que atenuen la fatiga de esa oculta búsqueda desesperada.